Corazón
Corazón —Ten cuidado, ¿eh? —volvió a decirme—; yo espero que saldré bien de ésta; pero si no me curase…, cuÃdate de ponerte fuerte en Aritmética, que es tu punto débil; haz un esfuerzo; no se trata más que de un primer esfuerzo, porque a veces no es falta de aptitud; es una preocupación o, como si se dijese, una manÃa.
Pero, entretanto, respiraba fuerte; se veÃa que sufrÃa.
—Tengo una fiebre muy alta… —y suspiró—. Estoy medio muerto. Te lo repito: ¡firme en Aritmética y en los problemas! ¿Que no sale bien a la primera? Se descansa un momento y se vuelve a intentar. ¿Que todavÃa no sale bien? Otro poco de descanso y vuelta a empezar. Y adelante, pero con tranquilidad, sin cansarse, sin perder la cabeza. Vete. Saluda a tu madre. Y no vuelvas a subir las escaleras; nos volveremos a ver en la escuela. Y si no nos volvemos a ver, acuérdate alguna vez de tu maestro del tercer año, que siempre te ha querido bien.
Al oÃr aquellas palabras, sentà deseos de llorar.
—Inclina la cabeza —me dijo. La incliné sobre la almohada y me besó sobre los cabellos. Luego añadió—: Vete —y volvió la cara del lado de la pared. Yo bajé volando las escaleras, porque tenÃa necesidad de abrazar a mi madre.