Corazón
Corazón —¡Ya tengo ganas de volverlo a ver! Lo dejé prÃncipe, y lo encuentro rey. También he cambiado yo: de soldado he pasado a ser vendedor de leña —y se reÃa.
Su hijo le preguntó:
—¿Te conocerÃa, si te viese?
El hombre se echó a reÃr.
—Estás loco —contestó—. Eso es imposible. Él, Humberto, era uno solo, y nosotros éramos como las moscas. ¿Tú crees que se detuvo a mirarnos uno por uno?
Desembocamos en la avenida de VÃctor Manuel. Mucha gente se dirigÃa, como nosotros, a la estación. Pasaba una compañÃa de alpinos con la banda de trompetas abriendo la marcha. Dos carabineros a caballo iban al galope.