Corazón
Corazón Allà se quedó, como si despertara de un sueño, con los ojos fijos sobre la lejana carroza real, sonriendo, con la pipa en las manos, en medio de un grupo de curiosos que le miraban.
—Es uno del cuarto del 49 —decÃan—, es un antiguo soldado que conoce al Rey. El Rey lo ha reconocido y le ha estrechado la mano.
—Ha entregado un memorial al Rey —añadió otro en tono más alto.
—¡Eso no es cierto! —rebatió Coretti volviéndose con brusquedad—; no le he pedido ningún favor. Otra cosa le darÃa si me la pidiese… —Todos le miraron con cierto asombro. Y él añadió sin inmutarse—: ¡Mi sangre!