Corazón
Corazón —De ti —respondió el anciano, sonriéndose también— por el momento, no. Pero eso no quiere decir que no hicieras alguna. Eras un chico juicioso, tal vez más serio de lo que correspondÃa a tu edad. Me acuerdo de lo mucho que te querÃa tu buena madre… Has hecho bien y te agradezco la atención que has tenido conmigo en venir a verme. ¿Cómo has podido dejar tus ocupaciones para llegar a la morada de tu pobre y viejo maestro?