Corazón
Corazón Por las ventanas del edificio se asomaban los empleados del Ayuntamiento. La galerÃa de la biblioteca estaba también llena de gente, que se apiñaba contra la balaustrada, y en el lado opuesto, en los huecos que hay encima de la puerta de entrada, habÃa gran número de chicas de las escuelas públicas y muchas huérfanas de militares con sus oscuros uniformes, luciendo todas ellas en los sombreros cintas azules. Aquello parecÃa un teatro en función de gala. Todos charlábamos animadamente, mirando de vez en cuando hacia donde estaba la mesa roja, para ver si llegaban las autoridades. La banda municipal, situada en el fondo del pórtico, amenizaba el acto tocando diversas composiciones en tono bastante bajo. Las paredes estaban iluminadas por el sol. Resultaba un espectáculo realmente precioso.
De pronto cuantos estábamos en el patio lo mismo que quienes se hallaban en los pisos superiores, empezamos a aplaudir.
Yo me puse de puntillas para ver mejor.
La gente que se hallaba detrás de la mesa presidencial dejó paso a un hombre y a una mujer. El daba la mano a su hijo, el muchacho que habÃa salvado a un compañero.
El hombre era albañil e iba vestido de fiesta. Su mujer, bajita y rubia, vestÃa de negro. El muchacho, también rubio y más bien bajo para su edad, llevaba una chaqueta gris.