Corazón
Corazón Volvieron a repetirse los vítores y aplausos de la multitud. Todos comprendieron al punto que se trataba del niño librado de perecer en el Po, que daba gracias públicamente a su salvador. Después de besarlo, se agarró a su brazo para acompañarlo fuera. Yendo los dos delante, y detrás el padre y la madre del homenajeado, se dirigieron a la puerta de salida, pasando con dificultad por entre la gente, que se apretujaba para hacerles calle, entre mezcla de guardias, chiquillos, soldados y mujeres. Todos intentaban ponerse delante y se empinaban para ver al heroico muchacho. Los que estaban en primer término le tocaban cariñosamente la mano.
Al pasar ante los chicos de las escuelas, todos agitaron sus gorras en el aire. Los del barrio del Po eran los más bulliciosos, le estiraban de los brazos y de la chaqueta, gritando: «¡Pin! ¡Viva Pin! ¡Bravo, Pinot!».