Corazón
Corazón —¿Qué dices, criatura? —replicó con viveza mamá—. ¿Qué sabes tú de eso? No es verdad. ¿Quién te ha dicho eso?
—Yo que lo sé —respondió Silvia—. Mira, mamá, nosotros estamos también dispuestos a hacer sacrificios. Tú me habÃas prometido un abanico para finales de mayo y Enrique esperaba su caja de pinturas; no queremos nada, no gastéis dinero con nosotros, y estaremos muy contentos, ¿sabes?
Mamá intentó hablar, pero Silvia añadió:
—Tiene que ser asÃ. Lo hemos decidido. Hasta que papá no se reponga, suprimiremos los postres y cuanto sea necesario. Nos bastará con un plato de sopa al mediodÃa, y para desayunar nos contentaremos con un pedazo de pan. Asà se gastará menos para comer, que ya se gasta bastante entre unas cosas y otras. Y te prometemos que nos verás siempre tan alegres como antes. ¿No es asÃ, Enrique?
Yo respondà que sÃ.