Corazón
Corazón Con su bolsa en la mano, bajó juntamente con otros muchos pasajeros a un vaporcito que les llevó a poca distancia de la orilla saltando luego a una lancha que llevaba el nombre de Andrea Doria, y desembarcó en el muelle. Se despidió de su viejo amigo lombardo y se encaminó hacia la ciudad.
Se detuvo al llegar a la primera bocacalle y preguntó al primer hombre que vio pasar la dirección que debía seguir para ir a la calle de Las Artes. Dio la casualidad que aquel hombre era un obrero italiano, que le miró con curiosidad y le preguntó si sabía leer. El chico contestó que sí, y entonces le dijo el obrero:
—Pues bien, sigue todo derecho por ahí sin dejar de leer en todas las esquinas los nombres de las calles, y encontrarás la que buscas.
El muchacho le dio las gracias y marchó por la calle que el compatriota le había indicado.