Corazón
Corazón Era una calle recta, interminable pero bastante estrecha, con casas bajas y blancas, parecidas a casitas de campo, llena de gente y de carruajes de todos los tamaños, que producían un ruido ensordecedor. Por una y otra parte se veían grandes banderas de los más diversos colores que tenían escrito en letras grandes el horario de salida de vapores para ciudades desconocidas. A cada instante, mirando a derecha e izquierda, veía otras calles tiradas a cordel, tan largas que los extremos parecía que iban a tocarse, también de casas bajas y blancas, llenas de gente y de vehículos, situadas en el mismo plano de la ilimitada llanura americana, semejante al mar, cuyo horizonte es un círculo cerrado.
La ciudad le parecía infinita, y que podría andar por ella días y semanas enteras viendo por doquier calles como aquéllas, figurándosele que toda América era una inmensa ciudad.
Se fijaba con atención en los nombres de las calles, nombres raros para él, que los leía con no pequeña dificultad. A cada nueva calle, le latía más de prisa el corazón, pensando que fuese la que buscaba. Miraba a todas las mujeres con la idea de encontrar a su madre. Vio de pronto una cerca de él, y se le alborotó la sangre; se aproximó más y vio con gran desilusión que era una negra.