Corazón
Corazón —¡Camaradas! —dijo sin más el lombardo, permaneciendo de pie y presentando a Marco—. Aquà tenéis a este chico, compatriota nuestro, que ha venido solo desde Génova en busca de su madre. En Buenos Aires le dijeron que no estaba allÃ, que se encontraba en Córdoba. Ha venido en barco a Rosario y ha empleado en el viaje tres dÃas y tres noches. Trae una carta de recomendación escrita por un italiano de Boca; pero al entregarla le han recibido de mala manera. No tiene ni un céntimo. Está aquà desesperado. Se trata de un chico muy animoso. Algo debemos hacer por él, ¿no os parece? Sólo quiere el dinero necesario para trasladarse en ferrocarril a Córdoba. ¿Vamos a dejarlo aquà como perro abandonado?
—¡Por nada del mundo! ¡Eso no se dirá jamás de nosotros! —gritaron todos a la vez, dando puñetazos en la mesa—. ¡Un compatriota nuestro!
—¡Ven acá, pequeño! —¡Cuenta con nosotros, los emigrantes! —¡Qué chiquillo más guapo y espabilado! —¡Aflojad el bolsillo, camaradas! ¡Qué valiente! ¡Ha venido solo! —¡Es un chico de oro! —¡Toma un trago, compatriota! ¡No te apures, que verás a tu madre!