Corazón
Corazón —¡Ahora vienen las de cuarto! —dijo una. Llegaron, efectivamente, las de cuarto y llovieron las monedas. Todas se arremolinaban, y era hermoso ver al pobrecito deshollinador en medio de chicas vestidas con diversos colores, en todo aquel cÃrculo de plumas, de lazos y de rizos.
HabÃan reunido más de lo perdido por el chico, y las más pequeñas, que no tenÃan dinero, se abrÃan paso entre las mayores ofreciendo sus ramitos de flores, por dar también algo.
Poco después llegó la portera, gritando:
—¡La señora Directora!
Las chicas se dispersaron en todas direcciones como desbandada de pájaros, quedando el pequeño deshollinador solo en medio de la calle, enjugándose los ojos, muy contento, con las manos llenas de dinero y con ramitos de flores en los ojales de la chaqueta, en los bolsillos, en el sombrero, habiendo no pocas flores incluso por el suelo, rodeando sus pies.