Corazón
Corazón —¡No tengo nada! ¡Soy un pobre niño! He venido de Italia a buscar a mi madre y estoy solo. ¡No me haga nada!
Los viajeros comprendieron lo que le sucedÃa. Le tuvieron lástima, lo acariciaron y lo tranquilizaron diciéndole palabras que no entendÃa. Viendo que tiritaba de frÃo, lo taparon con una de sus mantas y le hicieron volver a sentarse para que durmiese. Se quedó, efectivamente, dormido al anochecer. Cuando le despertaron estaban en Córdoba.
¡Con qué satisfacción respiró y con qué Ãmpetu salió del vagón! Preguntó a un empleado de la estación dónde estaba la casa del ingeniero señor MequÃnez; y el interrogado le dio el nombre de una iglesia, diciéndole que el tal ingeniero vivÃa al lado de ella.
Marco se dirigió corriendo hacia allá.