Corazón
Corazón Hacía más de dos semanas que habían salido de Córdoba, y, al llegar al punto en el que se separaban el camino de Tucumán y el de Santiago del Estero, el capataz le dijo que a partir de allí tendría que proseguir el viaje él solo, como ya se lo había anunciado. Le dio algunas instrucciones acerca del camino, le entregó la bolsa de la ropa y sin añadir más, por temor a conmoverse, lo saludó. Marco apenas tuvo tiempo de besarle la mano en señal de agradecimiento. También parecieron sentir alguna compasión los hombres que tan mal lo habían tratado, al verlo tan solito, y le saludaron con la mano cuando se alejaron. El les devolvió el saludo de igual modo y se quedó mirando la caravana hasta que la perdió de vista, envuelta en el polvo rojizo del camino y de la llanura. Después se puso a caminar tristemente.

SE QUEDÓ MIRANDO LA CARAVANA HASTA QUE LA PERDIÓ DE VISTA