Corazón
Corazón El maestro le dejó dormir, y continuó explicando la lección media hora más. Luego se acercó al banco de Coretti, empezó a soplarle despacito en la cara y le despertó. Al verse delante del maestro, tuvo un movimiento de susto. Pero el maestro le cogió la cabeza entre las manos, le dio un beso y le dijo:
—No te reprendo, hijo mío. No te duermes por pereza, sino por cansancio.