Corazón
Corazón Después que el sacerdote pronunció el último Amén, se apagaron las velas y todos salieron seguidamente, quedándose sola la maestra.
¡Pobrecita maestra, que tanto me quería, tan paciente y con tantos años de servicio! Ha dejado sus pocos libros a los alumnos; a uno, un tintero; a otro, un cuadernillo, todo lo que poseía, y dos días antes de morir dijo al Director que no dejase ir a los más pequeños al entierro, para que no llorasen. Siempre hizo el bien; sufrió y ha muerto. ¡Descanse en paz! ¡Adiós, pobre maestra, que has quedado sola en la oscura iglesia! ¡Adiós! ¡Adiós para siempre, mi buena amiga, dulce y triste recuerdo de mi infancia!