Corazón
Corazón —Mis padres —concluyó la niña— creÃan que volverÃa rica, y, en cambio, vuelvo sin un céntimo. Pero de todas formas me quieren lo mismo que mis hermanos. Tengo cuatro hermanitos, todos pequeños. Yo soy la mayor de mi casa y les ayudo a vestirse. Se pondrán muy contentos cuando me vean. Entraré en casa de puntillas… ¡Qué malo está el mar!
Después preguntó al muchacho:
—¿Y tú? ¿Vas a vivir con tus parientes?
—SÃ…, si ellos quieren —le respondió.
—¿Es que no te quieren?
—No lo sé.
—En Navidad cumplo trece años —dijo la muchacha.
Luego empezaron a charlar sobre el mar y la gente de a bordo. Todo el dÃa estuvieron juntos, intercambiándose algunas palabras. Los pasajeros creÃan que eran hermanos. La chica hacÃa punto de media; el muchacho estaba pensativo. El mar continuaba cada vez más borrascoso.
Por la noche, en el momento de separarse para ir a dormir, la chica dijo a Mario.
—Que duermas bien.
—Nadie dormirá bien esta noche, amiguitos mÃos —exclamó el marinero italiano, pasando de prisa porque le habÃa llamado el capitán.