Corazón
Corazón —SÃ, sÃ, de todos —le repuse—; pero de ti… más que de nadie. ¿Quién puede olvidarse de ti?
Él, contrariado, me dirigió una mirada como queriendo decirme mil cosas, pero guardó silencio. Se limitó a alargarme su mano izquierda, fingiendo que seguÃa dibujando con la derecha. Yo estreché entre las mÃas aquella mano fuerte y leal.