Corazón
Corazón También nos despedimos mi padre y yo de los conocidos.
¡Cómo se olvidan en esos momentos los sinsabores pasados! Votini, que siempre se habÃa mostrado tan envidioso de Derossi, fue el primero en abrazarlo con efusión. Yo saludé y estreché la mano del albañilito en el instante que por última vez me ponÃa el hocico de liebre. ¡Qué buen chico! Saludé a Precossi y a Garoffi, el cual me dijo que habÃa obtenido un premio en la última rifa y me entregó un pequeño pisapapeles de mayólica, algo roto por una esquina. De todos me despedà con un apretón de manos.
Fue emocionante ver cómo se acercó el pobrecito Nelli a Garrone, del que no podÃan despegarlo. Todos rodeaban a Garrone, lo abrazaban y zarandeaban en prueba de cariño, como bien se lo merecÃa el ejemplar muchacho, que a todos sonreÃa. Su padre estaba allà embobado ante semejante muestra de afecto. A Garrone fue el último a quien abracé, ya en la calle, procurando contener un sollozo al tener mi cara sobre su pecho; él me dio un beso en la frente.
Después corrà a reunirme con mi padre y mi madre. Mi padre me preguntó si me habÃa despedido de todos, y yo le dije que sÃ.
Luego me recomendó que buscara y pidiera perdón a quien le hubiese faltado alguna vez.
—No hay ninguno —le respondÃ.