Corazón
Corazón En un santiamén estuvo el chiquillo en lo más alto del árbol, abrazado al tronco, con las piernas entre las hojas, pero dejando al descubierto su pecho; dábale el sol en la rubia cabeza, que brillaba como el oro. El oficial apenas le veÃa, por lo pequeño que resultaba a aquella altura.
—Mira todo derecho a lo lejos —dÃjole el militar.
El chico, para ver mejor, sacó la mano derecha del árbol y se la puso sobre la frente a manera de visera.
—¿Qué ves? —preguntó el oficial.
El muchacho inclinó la cara hacia él y, haciendo bocina con una mano, respondió:
—Dos hombres a caballo en lo blanco del camino.
—¿A qué distancia de aqu�
—Sobre media legua.
—¿Se mueven?
—Están parados.
—¿Qué más ves? —le volvió a preguntar tras un momento de silencio—. ¡Mira hacia la derecha!
El chico volvió la vista hacia el lado indicado, y luego dijo:
—Cerca del cementerio, entre los árboles, se ve relucir algo. Parecen bayonetas.
—¿Ves gente?
—No, señor. Se habrán escondido en los sembrados.