Corazón
Corazón Luego se acercó a la casa, quitó de la ventana la bandera tricolor y la extendió como paño fúnebre sobre el niño muerto, dejándole la cara al descubierto. El sargento colocó junto al muerto el calzado, la gorra, el bastoncito y la navajita.
Aún permanecieron un momento silenciosos; después el oficial se dirigió al sargento y le dijo:
—Mandaremos que venga a recogerle la ambulancia; ha muerto como soldado, y justo es que como a tal le demos sepultura.
Dicho esto, envió con la mano un beso al muerto, y gritó:
—¡A caballo!
Todos montaron, reuniéndose el escuadrón, y reanudaron la marcha.
Pocas horas después se rindieron los honores de guerra al valiente muchacho.