Corazón
Corazón ¿Sabes, hijo mío, por qué no quise que limpiaras el sofá? Porque hacerlo viéndolo tu compañero era casi reñirlo por haberlo ensuciado. Y no convenía, primeramente porque no lo había manchado adrede, y, luego, porque lo había ensuciado con ropa de su padre, que se la había enyesado trabajando: y lo que se mancha trabajando no es suciedad, sino polvo, cal o lo que quieras; todo menos suciedad. El trabajo no mancha. No digas nunca de un obrero que sale del trabajo: «Está sucio». Debes decir: «Lleva en su ropa las señales, las huellas de su trabajo». Recuérdalo bien. Quiere mucho al albañilito, ante todo porque es compañero tuyo, y después porque es hijo de un trabajador.
TU PADRE