El Improvisador
El Improvisador Un torrente de lágrimas fue mi respuesta, me sentía muy desdichado, aunque ni yo mismo llegaba a comprender los motivos. Francesca me dio una palmadita en la mejilla y dijo que era demasiado blando, lo que no era nada bueno en este mundo. Llegó entonces Sua Eccellenza con el joven oficial que me había puesto la corona en la cabeza la primera vez que improvisé para ellos. Se llamaba Fabiani, y él también me apreciaba mucho.