El Improvisador
El Improvisador —Pero —la interrump×, la alternancia de distintos temas lo hace interesante; ver permanentemente…
—Usted me malinterpreta. No pretendo en absoluto que me estén pintando siempre a la Madonna. No, soy feliz con el precioso paisaje, la realista escena de vida popular, el barco en la tormenta y los ataques de piratas de Salvatore Rosa. Pero no quiero nada inmoral en el reino del arte, y asà denomino yo incluso a la pieza, muy bien pintada, de Schedino que hay en el Palazzo Sciarra. ¿La recuerda? Dos campesinos a lomos de asnos pasan ante una tapia de piedra en la cual hay una calavera, como si fuera un ratón, una lombriz o un tábano, y en la tapia se leen las palabras et in Arcadia ego.
—Lo conozco —respond×; cuelga al lado de los espléndidos violinistas de Rafael.
—Sà —respondió Annunziata—, ojalá la inscripción apareciera debajo de ese cuadro y no del otro, tan horrible.
Nos hallábamos ahora ante las Estaciones de Francesco Albani; le conté la impresión que me habÃan causado, de niño, aquellos pequeños amorini, cómo vivà y cómo llegué a la galerÃa.
—¡Estuvo usted en unos sitios deliciosos durante su infancia! —exclamó ella reprimiendo un suspiro, que tal vez era un eco de la suya.