El Improvisador
El Improvisador —¡La suya no los tuvo en menor grado! —respond×. Usted era una niña feliz, admirada, cuando la vi por vez primera, y la segunda vez que nos encontramos, habÃa extasiado a Roma entera y… parecÃa feliz, ¡y eso es lo principal!
Me habÃa inclinado hacia ella, que me miró a los ojos con una mirada extrañamente melancólica y exclamó:
—¡Aquella niña admirada y feliz perdió a su padre y a su madre, era un pajarillo silvestre sobre la rama desnuda; habrÃa muerto de hambre, sin duda, pero el despreciado judÃo le dio cobijo y alimento hasta que pudo salir volando sobre el proceloso mar!
Calló, agitó la cabeza y continuó:
—No es un cuento capaz de entretener a un forastero, y no sé si puedo contar mucho de algo como eso —quiso levantarse, pero le tomé la mano preguntando:
—¿Acaso soy para usted un simple forastero?
Dejó perdida la mirada por un instante, sonrió melancólica, y dijo:
—Pero sÃ, también he tenido momentos hermosos en mi vida —y añadió, con su alegrÃa habitual—; ¡sólo pensaré en ellos! Nuestro encuentro de infancia, me ha contagiado usted su retorno al pasado para convertirlo en un sueño, y el corazón podrá contemplar asà sus propios cuadros, en vez de las obras de arte que están fuera de nosotros.