El Improvisador
El Improvisador —¡DeberÃa llevar usted algún arma! —dijo otro—. Es lo que hacemos nosotros, carga triple en el trabuco de chispa y una pistola en el cinturón, por si falla el trabuco.
—Bueno, yo hasta llevo una navajita —dijo el primero, que se sacó del cinturón una navaja afilada y muy brillante, con la que jugueteó pasándosela de una mano a otra.
—¡Vuelve a meterla en su funda, Emidio! Me parece que este signore forastero está muy pálido; es un hombre joven que se espanta al ver un arma tan afilada. Le quitarán sus pocos scudi los primeros canallas con que se encuentre. Con nosotros no lo tendrán tan fácil, sabe usted —me dijo el hombre—; denos su dinero para que se lo guardemos y estará a salvo, créame.