El Improvisador
El Improvisador Siempre me habÃa imaginado Pompeya bajo tierra, igual que Herculano, pero no es asÃ. Desde la colina miraba, sobre los viñedos, hacia el azul Mediterráneo. Cada paso nos llevaba más arriba, y ahora nos encontrábamos ante un terraplén cubierto de cenizas grises al que algunos arbustos verdes y algunas matas de algodón intentaban conceder una apariencia más amable. Se dejaban ver unos soldados que montaban guardia, y penetramos en Pompeya.
—¿Ha leÃdo usted la carta a Tácito? —preguntó Maretti—. Habrá leÃdo a Plinio el joven, y ahora podrá ver unos comentarios a su obra que no están al alcance de cualquiera.