El Improvisador
El Improvisador —¿Lo encontraron al lado de la cueva de las brujas? —preguntó el médico, agitando la cabeza.
—¿No irá a creer usted que ese lugar tiene mayor fuerza que cualquier otro? —preguntó Fabiani.
—La naturaleza es una cadena de misterios —dijo el médico—; ¡y son muy pocos los que hemos solucionado hasta ahora!
En mi alma se hizo el dÃa. La cueva de las brujas, de la que hablaban todos, y también nuestros marineros, donde todo era resplandeciente, fuego y rayos. ¿Tal vez el mar me habÃa arrojado allà dentro? Recordaba la estrecha abertura por la que salÃ. ¿Era sueño, o realidad? ¿HabÃa entrevisto un mundo de espÃritus? La gracia de la Madonna me habÃa salvado y me habÃa protegido. Mi mente regresó en ensoñación a aquel bello espacio resplandeciente, donde mi ángel de la guarda se llamaba Lara. ¡Todo era cierto, no era un sueño! HabÃa visto lo que no serÃa descubierto hasta años más tarde y que ahora es la posesión más bella de Capri, incluso de Italia entera: la Grotta Azzurra. Y aquella mujer era la niña ciega de Paestum, Lara. Pero ¿cómo creerlo, cómo pensar tal cosa? ¡Todo era demasiado extraño! Junté mis manos y pensé en mi ángel guardián.