El Improvisador
El Improvisador Poggio. Annunziata. Maria
Poggio vino a visitarme, preguntó por mi abatimiento, pero no pude contarle el motivo; a nadie podÃa decÃrselo.
—Tienes una pinta como si te hubiera soplado encima un mal siroco. ¿Es del corazón de donde viene ese aire caliente? El pajarito que va ahà dentro podrÃa quemarse, y ya que no existe el ave fénix, no es nada práctico. Tiene que echar un vuelo y salir, picotear las rojas bayas del campo y las delicadas rosas de los balcones, reclamar sus derechos; eso es lo que hace mi pájaro, y se encuentra fenomenalmente, tiene un humor excelente, con sus cantos me mete pura alegrÃa en la sangre, en todo mi ser, de ahà mi buen humor. ¡Tú también puedes hacerlo, y tienes que hacerlo! ¡Un poeta puede tener en el pecho el pájaro adecuado, capaz de reconocer rosas y bayas, lo agrio y lo dulce, los posos y el éter!
—¡Bonita idea de lo que es ser poeta! —exclamé.