El Improvisador
El Improvisador Un rÃo de lágrimas brotó de mis ojos al leer aquellas lÃneas, era como si mi corazón quisiera disolverse en llanto. La segunda parte de la carta habÃa sido escrita muy pocos dÃas atrás. Era su última despedida.
«Mi desgracia se acerca a su fin. ¡Gracias sean dadas a la Madonna por la alegrÃas que me concedió, alabada sea también por las penas!… La muerte está en mi corazón. La sangre escapa de él. Sólo una vez más y todo habrá terminado. Me han dicho que la muchacha más noble y bella de Venecia es tu novia. Sed felices, este es el último deseo de la moribunda. No sabÃa a quién podÃa encomendar estas lÃneas, mi último adiós, sólo a ella; vendrá, me lo dice mi corazón, a la que está en el último escalón que separa la vida de la muerte, un noble corazón femenino no rechazará darle la última gota refrescante. ¡Vendrá a verme! ¡Adiós, Antonio! Mi última plegaria en el mundo, la primera en el cielo, es para ti, para ella, que será para ti lo que yo nunca pude ser, la gloria del mundo fue la causante; tal vez nunca habrÃas llegado a ser feliz conmigo, de otro modo, la Madonna jamás nos habrÃa separado. ¡Adiós! ¡Adiós! Siento la paz en mi corazón, mi dolor ha pasado, ¡la muerte está cerca! ¡Rezad por mÃ, Maria y tú!
Annunziata.»