El Improvisador
El Improvisador —¡Pero por todos los santos del cielo! —fue lo primero que exclamó Domenica—. ¡Pero si ha matado al pobre animal!
—¡Gracias sean dadas a la Madonna! —respondió el forastero—. Me ha salvado la vida, y tú fuiste mi ángel de la guarda —me dijo a mÃ, levantándome en brazos—. Tú me abriste la puerta de la salvación —aún estaba pálido y tenÃa la frente perlada de gotas de sudor frÃo.
Por su forma de hablar comprendimos que no era extranjero, supusimos que serÃa un noble romano. Nos contó que era aficionado a coleccionar flores y plantas de toda clase, que habÃa dejado su coche en Ponte Molle[21] y habÃa ido paseando junto al TÃber[22]. Justo allà se encontró con los búfalos, y uno de ellos se lanzó contra él; se salvó gracias a que nuestra casa estaba cerca y a que la puerta se abrió milagrosamente.