El Improvisador
El Improvisador —¡Santa MarÃa, ruega por nosotros! —exclamó Domenica—. ¡SÃ, es ella quien os ha salvado, la SantÃsima Madre de Dios! Y mi pequeño Antonio fue el instrumento que escogió; y es que el niño la quiere mucho. Sua Eccellenza no sabe qué niño tan bueno es, sabe leerlo todo, lo impreso y lo escrito a mano; y dibuja de una forma tan natural que se distingue perfectamente lo que es. La cúpula de San Pedro, los búfalos, hasta al gordo del Padre Ambrosio ha dibujado; ¡y además, tiene una voz! Sua Eccellenza tendrÃa que oÃrlo cantar, los cantores del Papa no le pillarÃan ni en una sola nota, y encima es un niño obediente, mejor que ninguno. Y no lo alabo más porque me está escuchando, porque eso no es bueno para los niños. ¡Pero él se lo merece!
—¿Asà que no es hijo suyo? —preguntó el forastero—. Es muy pequeño todavÃa.