Quédate conmigo...
Quédate conmigo... Al día siguiente, Jack le pidió a Kate que entrara en el apartamento de Lena para buscar el paquete. Era una jugada arriesgada, pero Kate aceptó, impulsada por la adrenalina y la creciente conexión que sentía con Jack, aunque no lo entendiera del todo.
El apartamento de Lena estaba impecablemente organizado, cada objeto en su lugar. Pero detrás de esa perfección, Kate sintió una presencia casi opresiva, como si la misma habitación guardara secretos demasiado grandes para ser revelados. Finalmente, encontró el paquete escondido en un compartimento dentro del armario.
Cuando salió del edificio, el corazón le latía con fuerza, pero no por el miedo, sino por algo más: la certeza de que había cruzado una línea de la que no podría regresar.
Jack la esperaba en una esquina, sus ojos brillando con una intensidad que Kate nunca había visto antes.
—Lo tienes —dijo, más como una declaración que como una pregunta.
Kate asintió, extendiéndole el paquete. Pero en lugar de tomarlo, Jack colocó su mano sobre la de ella.
—No sabes cuánto significa esto —susurró.
Por un momento, todo se detuvo. El ruido de la ciudad desapareció, y Kate sintió algo que no había sentido en mucho tiempo: esperanza.