Quédate conmigo...
Quédate conmigo... —¿Qué demonios es esto? —susurró, más para sà misma que para nadie en particular.
Antes de que pudiera examinarlo más, el sonido de pasos resonó en la distancia. Kate apagó su linterna y se escondió detrás de unas cajas oxidadas, su corazón latiendo como un tambor.
—Sabemos que estás aquÃ, rubia —la voz de uno de los hombres del coche negro rompió el silencio, helándole la sangre.
Kate contuvo la respiración mientras los pasos se acercaban. Cerró los ojos por un momento, luchando contra el pánico, y cuando abrió la mirada, vio una sombra moverse con rapidez. Un golpe seco, seguido de un gruñido, y luego un silencio mortal.
—Kate —susurró una voz familiar.
Jack apareció entre las sombras, su rostro serio, pero sus ojos mostrando algo que ella no esperaba: preocupación genuina.
—¿Estás bien?
—¿Qué está pasando? —preguntó ella, la voz quebrándose por la adrenalina.
Jack extendió una mano para ayudarla a levantarse.
—No hay tiempo para explicaciones. Tenemos que irnos.
En el camino hacia un lugar seguro, Kate no pudo contenerse más.