Quédate conmigo...
Quédate conmigo... El escenario del club era un microcosmos de deseos reprimidos y realidades deformadas. Kate bailaba como una cazadora, jugando con la barra y las miradas lascivas de los clientes, mientras por dentro soñaba con estar en otro lugar. Cualquier lugar menos allí. Broadway . Solo el nombre le traía un sabor amargo a la boca, un recordatorio de lo lejos que estaba de los escenarios brillantes de sus sueños.
Cuando la música terminó, recogió los billetes del escenario con manos temblorosas. Un cliente borracho intentó sujetarla del brazo, pero Klaus, el portero, lo apartó con la fuerza de un titán.
—Gracias, Klaus. Sin ti, esto sería un infierno completo —le dijo Kate mientras se alejaba hacia los camerinos.
—Tú aguanta, pequeña —le respondió él, con un guiño protector.
Caminando hacia el metro a las cuatro de la madrugada, Kate y Pipper compartían palabras de consuelo, una rutina que ambas repetían como un mantra nocturno. En el vagón vacío, Kate se dejó caer en un asiento, cerrando los ojos para desconectarse del mundo por un momento.
