Bhagavad Gita
Bhagavad Gita El yoga de la acción
1. ¡Oh, Janardana! Si tú consideras superior la inteligencia a las obras, ¿por qué se me ordena una obra tan terrible?
2. Parece que quisieras enturbiar mi inteligencia con palabras oscuras y de difícil interpretación; por lo tanto, dime de un modo claro, de qué forma podría lograr el bien de mi alma.
El Bienaventurado Señor dijo:
3. Dos formas alcanza en este mundo el esfuerzo del alma sobre sí misma, según ya te he indicado antes, ¡oh, tú, sin pecado!: la primera es la de los adeptos al «samkhya», por medio del yoga del conocimiento; la segunda es la de los «yoguis», por medio del yoga de las obras.
4. Ni apartándose de las obras alcanza el hombre la inactividad, ni renunciando únicamente a ellas se llega a la perfección.
5. Pues nadie puede permanecer un instante sin acción; todo ser está necesariamente obligado a la acción por los «gunas» nacidos de Prakrti.
6. Quien domina los órganos de la acción, pero sigue mentalmente unido a los objetos de los sentidos y permanece en ese estado, se ha extraviado con falsas concepciones de la disciplina de sí mismo.
