Biblia Nueva Traduccion Viviente
Biblia Nueva Traduccion Viviente 23 Durante todo ese tiempo las personas no pudieron verse unas a otras ni se movieron. Sin embargo, la luz no faltó en ningún momento donde vivían los israelitas.
24 Finalmente el faraón llamó a Moisés y le dijo: —Vayan a adorar al SEÑOR, pero dejen aquí sus rebaños y sus manadas. Sin embargo, pueden llevarse a sus hijos pequeños.
25 —¡De ninguna manera! —respondió Moisés—. Tú debes proveernos de animales para los sacrificios y las ofrendas quemadas que presentaremos al SEÑOR nuestro Dios.
26 Todos nuestros animales deberán ir con nosotros; ni una sola pezuña puede quedar atrás. Tendremos que seleccionar nuestros sacrificios para el SEÑOR nuestro Dios de entre esos animales, y sólo sabremos cómo vamos a adorar al SEÑOR una vez que estemos allí.
27 Pero el SEÑOR endureció el corazón del faraón una vez más, y no quiso dejarlos salir.
28 —¡Lárgate de aquí! —le gritó el faraón a Moisés—. Te advierto: ¡jamás regreses a verme! El día que me veas la cara, ¡morirás!
29 —Muy bien —respondió Moisés—. ¡Nunca más volveré a verte!
Muerte para los primeros hijos varones de Egipto