Biblia Nueva Traduccion Viviente
Biblia Nueva Traduccion Viviente 25 ¡Gracias a Dios! La respuesta está en Jesucristo nuestro Señor. Así que ya ven: en mi mente de verdad quiero obedecer la ley de Dios, pero a causa de mi naturaleza pecaminosa, soy esclavo del pecado.
La vida en el Espíritu
1 Por lo tanto, ya no hay condenación para los que pertenecen a Cristo Jesús;
2 y porque ustedes pertenecen a él, el poder[ai] del Espíritu que da vida los[aj] ha libertado del poder del pecado, que lleva a la muerte.
3 La ley de Moisés no podía salvarnos, porque nuestra naturaleza pecaminosa[ak] es débil. Así que Dios hizo lo que la ley no podía hacer. Él envió a su propio Hijo en un cuerpo como el que nosotros los pecadores tenemos; y en ese cuerpo, Dios declaró el fin del dominio que el pecado tenía sobre nosotros mediante la entrega de su Hijo como sacrificio por nuestros pecados.
4 Lo hizo para que se cumpliera totalmente la exigencia justa de la ley a favor de nosotros, que ya no seguimos a nuestra naturaleza pecaminosa sino que seguimos al Espíritu.
5 Los que están dominados por la naturaleza pecaminosa piensan en cosas pecaminosas, pero los que son controlados por el Espíritu Santo piensan en las cosas que agradan al Espíritu.