Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai El kaishaku se inclinó, limpió su espada con un papel que tenía preparado para ello y se retiró de la tarima elevada; y el puñal manchado se mostró solemnemente, como prueba ensangrentada de la ejecución. Los dos representantes del Mikado se levantaron y acercándose donde estábamos sentados los testigos extranjeros, nos llamaron a ser testigos de que la muerte de Taki Zenzaburo se había llevado a cabo solemnemente. Con la ceremonia ya terminada, abandonamos el templo.
Podría aportar un sinfín de descripciones de seppuku sacadas de la literatura o de relatos de testigos presenciales; pero otro ejemplo bastará.
Dos hermanos, Sakon y Naiki, de veinticuatro y diecisiete años respectivamente, intentaron matar a Iyéyasu para vengar los agravios a su padre; pero antes de poder entrar en el campamento, los hicieron prisioneros. El viejo general admiró el valor de los jóvenes, que habían intentado acabar con su vida, y ordenó que se les debía permitir tener una muerte digna. Al hermano pequeño, Hachimaro, un crío de ocho años, se le condenó a un destino parecido, ya que la sentencia era para todos los miembros varones de la familia, y llevaron a los tres a un monasterio donde se ejecutaría la pena. Un médico presente en esa ocasión dejó un diario, del que se ha traducido la siguiente escena: