Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai Inclinándose una vez más, el condenado se bajó la parte de arriba de su indumentaria hasta la faja, y se quedó desnudo hasta la cintura. Cuidadosamente, según la costumbre, metió las mangas debajo de sus rodillas para no caerse hacia atrás; ya que un noble caballero japonés debía morir cayendo hacia delante. Conscientemente, con una mano firme, tomó el puñal que tenía enfrente; lo miró melancólicamente, casi afectuosamente; por un momento pareció reunir sus pensamientos por última vez, y entonces, se clavó el puñal profundamente por debajo de la cintura, en el costado izquierdo, lo desplazó lentamente hacia el costado derecho, y efectuó un corte llevándolo hacia arriba. Durante esta dolorosísima maniobra, no movió ni un solo músculo de la cara. Cuando sacó el puñal, se inclinó hacia delante y alargó el cuello; su cara mostró una primera expresión de dolor, pero no emitió ningún sonido. En ese momento, el kaishaku, que permanecía agachado a su lado y había observado de cerca todos los movimientos, se puso de pie, y sostuvo su espada en el aire durante un segundo; hubo un destello, un horrible golpe seco, una estrepitosa caída; la cabeza se había separado del cuerpo de un solo golpe.
Siguió un silencio sepulcral, solo roto por el espantoso ruido de la sangre que brotaba del inerte cuerpo ante nosotros, que momentos antes había sido un hombre valiente y caballeroso. ¡Horrible!