Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai De nuevo, en Japón igual que en Europa, cuando se inauguró formalmente el feudalismo, la clase de guerreros profesionales cobró importancia de manera natural. Se les conocía como samuráis, que quiere decir literalmente, como la palabra del inglés antiguo cniht (knecht, knight), guardianes, o cuidadores, con una naturaleza parecida a la de los soldurii, cuya existencia en Aquitania[45] mencionó César, o los comitati, que, según Tácito[46], en su momento seguían a los jefes germánicos; o, para fijarse en un paralelismo posterior, los milites medii, sobre los que se puede leer en la historia de la Europa medieval. El término sino-japonés[47] Bu-ké o Bu-shi (caballeros combatientes) también pasó a ser de uso común. Era una clase privilegiada, y originalmente debió de ser una casta ruda que hizo del combate su vocación. En un periodo largo de guerra permanente, esta clase se reclutaba espontáneamente entre los más valientes y aventureros, y este método de selección siguió practicándose a lo largo de los años. Los cobardes y los débiles se descartaban, y solo resistió «una estirpe ruda, viril y dotada de una fuerza brutal», parafraseando a Emerson[48], elegida para formar las familias y las filas de los samuráis. Como llegaron a pretender grandes honores y privilegios, y en consecuencia aceptaban grandes responsabilidades, pronto sintieron la necesidad de disponer de un patrón de conducta común, ante todo porque siempre estaban combatiendo y pertenecían a clanes distintos. Igual que, por cortesía profesional, los médicos ponen límites a la competencia por sus pacientes, y los abogados acuden a tribunales de honor en casos de vulneración de los protocolos, los guerreros también deben contar con algún medio que emita el fallo final ante malas conductas.