Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai No obstante, la pregunta que más nos preocupa es: ¿El bushido justifica el uso promiscuo del arma? ¡La respuesta, claramente, es no! Igual que puso mucho énfasis en su uso apropiado, también condenaba y aborrecía su mal uso. Aquel que blandía su espada en ocasiones inmerecidas, se consideraba un cobarde o un fanfarrón. Un hombre sereno sabe cuál es el momento adecuado de usarla, y esos momentos escasean. Escuchemos al difunto conde Katsu[320], que vivió en una de las épocas más turbulentas de nuestra historia, cuando asesinatos, suicidios y demás prácticas sanguinarias estaban a la orden del día. Aun habiéndole conferido en su momento un poder casi dictatorial, y habiendo sido objeto de varios intentos de asesinato, nunca mancilló su espada con sangre. Al relatar algunos de sus recuerdos a un amigo, dice, en un característico y peculiar tono plebeyo propio de él: «Me desagrada profundamente matar personas, así que no he matado a un hombre. He liberado a aquellos a quienes deberían haber cortado la cabeza. Un amigo me dijo, un día: “No matas lo suficiente. ¿Acaso no comes pimiento y berenjenas?”. ¡Pues algunas personas no son mejores! Pero ya ves, a ese tipo lo mataron. Mi escapatoria quizá se deba a mi aversión por matar. Tenía la empuñadura de mi espada tan firmemente sujeta a la vaina que era difícil desenvainar la espada. Decidí que, aunque me cortaran, yo no cortaría. ¡Sí, sí! Algunas personas realmente son como pulgas y mosquitos, y pican, pero ¿qué consiguen con su picadura? Pica un poco, eso es todo; pero no ponen en peligro tu vida»[321]. Estas son las palabras de alguien cuya formación en el bushido fue probada en la impetuosa vehemencia de la adversidad y el triunfo. El apotegma[322] popular «ser derrotado es conquistar» significa que la verdadera conquista se basa en no oponerse a un adversario desenfrenado, y «la victoria más valiosa es la que se obtiene sin derramamiento de sangre», y otros de igual sentido, demostrarán que, después de todo, el ideal supremo de la caballería era la paz.