Bushido, el código samurai

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El manejo de la espada y demás ejercicios de este tipo, aunque por lo general de escasa utilidad práctica, constituían un saludable equilibrio frente a los hábitos bastante sedentarios de las mujeres. Pero estos ejercicios no se realizaban solo por motivos de salud. Podían resultar útiles en momentos de necesidad. A las niñas, al convertirse en mujeres, se les regalaban dagas (kai-ken, puñales de bolsillo[329]), que podían dirigir al pecho de sus atacantes, o de estimarlo oportuno, al suyo propio. Esto último ocurría a menudo; y, no obstante, no se las juzgará con severidad. Ni siquiera la conciencia cristiana, con su horror ante la autoinmolación, será dura con ellas, viendo que Pelagia[330] y Dominica[331], dos suicidas, fueron canonizadas por su pureza y devoción. Cuando una Virginia[332] japonesa veía su virginidad amenazada no esperaba la daga de su padre. Se clavaba su propia arma en el pecho. Para ella era una desgracia no saber cómo llevar a cabo la autoinmolación. Por ejemplo, por poco que se le enseñara de anatomía, debía saber qué lugar exacto cortar en su garganta; cómo atarse los miembros inferiores con una faja de modo que, fuera cual fuera su agonía, su cadáver se encontrara con el máximo recato posible, y las piernas en una posición apropiada. ¿Acaso tal deferencia no es digna de la cristiana Perpetua o de la vestal Cornelia[333]? No haría una pregunta tan brusca si no fuera por la concepción errónea, basada en nuestras costumbres de baño y otras nimiedades, de que desconocemos la castidad[334]. Todo lo contrario, pues la castidad era una virtud preeminente de la mujer samurái, defendida por encima de la propia vida. Una joven hecha prisionera al verse en peligro de que unos toscos soldados abusen de ella dice que satisfará su placer si primero le permiten escribir unas líneas a sus hermanas, a las que la guerra ha dispersado en todas direcciones. Una vez terminada la carta sale corriendo hacia el pozo más cercano y salva su honor ahogándose. La carta que deja termina con estos versos:


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