Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai Hemos oído hablar mucho del aparente respeto que los caballeros europeos profesaban «a Dios y a las damas»[342], términos cuya incongruencia hace sonrojar a Gibbon; también Hallam[343] nos dice que la moral de los caballeros era burda, que la galantería implicaba amor ilícito. El efecto de la caballería sobre «el sexo débil» fue objeto de reflexión por parte de los filósofos; Guizot[344] sostenía que el feudalismo y la caballería forjaron buenas influencias, mientras que Spencer afirmaba que en una sociedad belicosa (¡y la sociedad feudal no puede ser más belicosa!), la posición de la mujer es necesariamente baja y solo mejora a medida que la sociedad se industrializa. Así pues, ¿qué teoría es más acertada para Japón, la de Guizot o la de Spencer? De hecho, podría afirmar que ambas. En Japón, la clase militar, formada por unos dos millones de almas, estaba restringida a los samuráis. Por encima de ellos estaban los nobles militares, los daimios, y los nobles de la corte, los kugé, estos últimos nobles superiores, sibaritas, y guerreros solo de palabra. Por debajo de ellos se encontraba el pueblo llano —artesanos mecánicos, comerciantes y campesinos—, cuya vida estaba dedicada a trabajos de paz. Por consiguiente, lo que Herbert Spencer considera las características de un tipo de sociedad militar, en realidad se restringían a la clase samurái, mientras que las propias de una sociedad industrial eran aplicables a las clases por encima y por debajo de esta. Esto queda bien reflejado por la posición de la mujer, ya que en ninguna clase disfrutaba de menos libertad que entre la clase samurái. Aunque suene extraño, cuanto más baja era la clase social —por ejemplo, entre los pequeños artesanos— más equitativa era la posición del marido y la mujer. También entre la alta nobleza, la diferencia en las relaciones entre ambos sexos era menos acusada, sobre todo porque había pocas ocasiones para poner de relieve esa diferencia, dado que los ociosos aristócratas se habían vuelto literalmente afeminados. Así pues, el antiguo Japón era un ejemplo perfecto de la máxima de Spencer. En cuanto a Guizot, aquellos que lean su presentación de una comunidad feudal recordarán que prestaba especial atención a la alta nobleza, así que su generalización solo es aplicable a los daimios y a los kugé.