Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai Mis lectores no me acusarán de prejuicios indebidos a favor de la entrega servil de la voluntad. Acepto en gran medida el punto de vista que Hegel anticipó y defendió con amplitud de aprendizaje y profundidad de pensamiento, que la historia es el despliegue y la consecución de la libertad. La observación que querría hacer es que toda la enseñanza del bushido estaba tan impregnada del espíritu de sacrificio personal, que este se exigía no solo de la mujer, sino también del hombre. Por tanto, hasta que no se ponga fin a la influencia de sus preceptos, nuestra sociedad no entenderá la opinión expresada imprudentemente por una defensora estadounidense de los derechos de la mujer, que exclamó: «¡Que todas las hijas de Japón se rebelen contra las antiguas costumbres!». ¿Puede tener éxito semejante sublevación? ¿Mejorará la condición femenina? ¿Los derechos que obtengan mediante un proceso tan sumario compensarán la pérdida de esa buena disposición, de esa dulzura de modales, que son su actual legado? ¿No cabe mencionar lo grave que fue la pérdida de la domesticidad por parte de las matronas romanas, seguida de la corrupción moral? ¿Acaso los reformistas estadounidenses pueden asegurarnos que una revuelta de nuestras hijas es el verdadero rumbo que deben tomar para su evolución histórica? Son preguntas muy serias. ¡Los cambios deben venir y vendrán sin revueltas! Mientras tanto veamos si el estatus del sexo femenino con el bushido era realmente tan malo como para justificar una sublevación.