Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai La abnegación de la mujer por el bien de su marido, su hogar y su familia era tan voluntaria y honorable como la abnegación del hombre por el bien de su señor y de su país. La abnegación, sin la cual no puede resolverse ningún misterio de la vida, era la clave de la lealtad de los hombres, así como de la vida doméstica de las mujeres. Ella no era esclava del hombre ni su marido de su señor, y el papel que ella jugaba se reconocía como naijo, «la ayuda interior». La escala ascendiente de obediencia estaba formada por la mujer, que debía sacrificarse por el hombre, que a su vez debía sacrificarse por su señor, que debía obedecer al Cielo. Soy consciente de la flaqueza de esta doctrina, y de que la superioridad del cristianismo queda manifiestamente patente aquí más que en ningún otro sitio, ya que exige de todos y cada uno de los seres vivos responsabilidad directa ante su Creador. Sin embargo, en la medida en que la doctrina del servicio —servir a una causa más elevada que uno mismo, incluso a costa de sacrificar la propia individualidad; digo la doctrina del servicio, que es lo mejor que predicó Cristo y fue la sagrada pieza central de Su misión— en lo que a esta se refiere, el bushido se basaba en la eterna verdad.