Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai El cúmulo de elementos psicológicos que constituye un carácter nacional es tan tenaz como los «elementos irreductibles de las especies, de las aletas de los peces, del pico de las aves, de los dientes de los animales carnívoros». En su reciente libro, lleno de aseveraciones superficiales y generalizaciones brillantes, LeBon[375] dice: «Los descubrimientos debidos a la inteligencia son el patrimonio común de la humanidad; las cualidades o defectos de carácter constituyen el patrimonio exclusivo de cada pueblo: son la roca firme que el agua debe lavar día tras día durante siglos, antes de poder pulir, siquiera, sus asperezas externas». Son palabras fuertes sobre las que valdría la pena reflexionar, siempre y cuando existieran cualidades y defectos de carácter que constituyeran el patrimonio exclusivo de cada pueblo. Se han presentado teorías esquemáticas de este tipo desde mucho antes de que LeBon empezara a escribir su libro, y Theodor Waitz y Hugh Murray[376] las explotaron hace tiempo. Al estudiar las distintas virtudes inculcadas por el bushido, hemos recurrido a fuentes europeas para comparar e ilustrar y hemos visto que ninguna cualidad de carácter era su patrimonio exclusivo. Es cierto que el cúmulo de cualidades morales presenta un aspecto bastante único. Este cúmulo es lo que Emerson denomina «un resultado compuesto en el que cada gran fuerza toma parte como un ingrediente»[377]. Pero, en lugar de convertirlo, como hace LeBon, en un patrimonio exclusivo de una raza o un pueblo, el filósofo de Concord lo denomina: «Un elemento que une a las personas más contundentes de cada país; las hace inteligibles y aceptables entre sí; y en cierto modo, es tan preciso que enseguida se percibe si un individuo carece del signo masónico».