Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai Sabíamos que la benevolencia era una virtud tierna y maternal. Si la rectitud íntegra y la justicia severa eran marcadamente masculinas, la compasión tenía la delicadeza y la persuasión de una naturaleza femenina. Se nos advertía sobre el peligro de entregarse a la caridad indiscriminada, si no se acompañaba de justicia y rectitud. Masamune[115] lo expresó bien en su aforismo citado tan a menudo: «La rectitud llevada al exceso se convierte en dureza; la benevolencia practicada sin medida degenera en debilidad».
Afortunadamente, la compasión no era tan rara como preciosa, ya que es una verdad universal que: «Los más valientes son los más tiernos, los que más aman son los más atrevidos»[116]. Bushi no nasaké, la ternura del guerrero, tenía un sonido que apelaba de inmediato a lo que hay de noble en cada uno; no porque la compasión de un samurái fuera diferente de manera general a la de otro ser, sino porque comportaba esa cualidad cuando no era un impulso ciego, sino cuando tenía debidamente en cuenta la justicia, y no constituía un mero estado de ánimo, sino que estaba respaldada por la potestad de perdonar o matar. Igual que los economistas hablan de demanda real y demanda ficticia, se podría calificar la compasión del bushi de real, dado que implicaba la facultad de actuar por el bien o en perjuicio del que la recibía.