Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai Por consiguiente, en el Japón feudal el comercio no alcanzó ese grado de desarrollo que habría logrado en condiciones de mayor libertad. La calumnia unida al poco valor que se daba a la profesión atrajo a aquellas personas a las que les importaba muy poco el prestigio social. «Llamemos ladrón a alguien, y robará». Estigmaticemos una profesión y quienes la ejerzan ajustarán a ella sus modales, porque es natural que «la conciencia común», como dice Hugh Black, «intente cumplir con las expectativas, pero caiga fácilmente a un nivel más bajo del que se le asigna»[172]. No es necesario añadir que ninguna cuestión comercial, mercantil o de otro tipo, pueda llevarse a cabo sin un código moral. Nuestros comerciantes de la época feudal tenían uno, sin el cual jamás podrían haber desarrollado como hicieron, en estado embrionario, elementos mercantiles fundamentales como los gremios, los bancos, la bolsa, los seguros, los cheques, las letras de cambio, etc.; pero en sus relaciones sociales con personas ajenas a su profesión, los comerciantes estaban a la altura de la dudosa reputación atribuida a su colectivo.