Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai Quienes estén familiarizados con nuestra historia, recordarán que solo unos años después de que nuestros puertos comerciales se abrieran al comercio exterior, se abolió el feudalismo, y que con ello quitaron los feudos a los samuráis y les compensaron con bonos[173], que podían invertir libremente en transacciones mercantiles. Entonces, cabría preguntarse: «¿Por qué no trasladar la veracidad de la que tanto se jactaban a sus nuevas relaciones comerciales, para acabar así con las antiguas prácticas abusivas?». Los que tenían ojos para ver no podían llorar lo bastante, los que tenían corazón para sentir no podían compadecer lo bastante el destino de muchos nobles y honestos samuráis, que rotunda e irrevocablemente fracasaron en el nuevo y desconocido sector del comercio y la industria, debido a su absoluta falta de perspicacia a la hora de lidiar con su astuta competencia plebeya. Sabiendo que el 80 por ciento de los negocios en un país tan comercial como Estados Unidos fracasan, no es de extrañar que solo uno de cada cien samuráis que establecieron negocios lograra sacar adelante su nueva actividad. Todavía se tardará mucho en saber cuántas fortunas se desvanecieron en el intento de aplicar la ética del bushido a los métodos comerciales; pero pronto se hizo patente para cualquier mente observadora, que el camino de la riqueza y el camino del honor eran divergentes. En consecuencia, ¿en qué aspectos eran distintos?