Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai Si bien el bushido rechaza una doctrina de recompensas quid pro quo[175], el comerciante astuto las aceptará de buen grado. Lecky ha señalado fielmente que la veracidad debe su desarrollo en gran parte al comercio y la manufactura; como lo expresa Nietzsche, la honestidad es la más joven de las virtudes; es decir, es la criatura de la industria moderna[176]. Sin esta madre, la veracidad era como un huérfano de sangre azul, que solo podría adoptar y alimentar la mente más cultivada. Dichas mentes solían encontrarse entre los samuráis, pero, a falta de una madre adoptiva más democrática y funcional, la frágil criatura no prosperó. Cuando la industria progrese, se demostrará que ejercitar la veracidad como virtud es fácil, o mejor dicho, provechoso. Pensemos que, a finales de noviembre de 1880, Bismarck mandó una carta a los cónsules del Imperio alemán, advirtiéndoles de «una lamentable falta de fiabilidad con respecto a las expediciones alemanas inter alia[177], al parecer tanto por la calidad como la cantidad»[178]. Hoy día se oye hablar poco, comparativamente, de la dejadez y falta de honradez de los alemanes en materia de comercio. En veinte años, sus comerciantes han aprendido que al final la honradez compensa. Nuestros comerciantes también se han dado cuenta. Por lo demás, recomiendo al lector dos nuevos escritores para un juicio bien ponderado sobre esta cuestión[179]. Es interesante subrayar en esta conexión que la integridad y el honor eran las garantías más seguras que incluso un comerciante deudor podía presentar en forma de pagarés. Era bastante habitual incluir tales cláusulas de este modo: «En caso de no poder devolver la suma que se me ha prestado, no diré nada en contra de ser ridiculizado en público»; o «en caso de no poder satisfacer la deuda, me podrá llamar necio», y cosas por el estilo.